Archivos para octubre, 2010

Altazor ¿por qué perdiste tu primera serenidad?
¿Qué ángel malo se paró en la puerta de tu sonrisa
Con la espada en la mano?
¿Quién sembró la angustia en las llanuras de tus ojos como el adorno de un dios?
¿Por qué un día de repente sentiste el terror de ser?
Y esa voz que te gritó vives y no te ves vivir
¿Quién hizo converger tus pensamientos al cruce de todos los vientos del dolor?
Se rompió el diamante de tus sueños en un mar de estupor
Estás perdido Altazor
Solo en medio del universo
Solo como una nota que florece en las alturas del vacío
No hay bien no hay mal ni verdad ni orden ni belleza
¿En dónde estás Altazor?

La nebulosa de la angustia pasa como un río
Y me arrastra según la ley de las atracciones
La nebulosa en olores solidificada huye su propia soledad
Siento un telescopio que me apunta como un revólver [18]
La cola de un cometa me azota el rostro y pasa relleno de eternidad
Buscando infatigable un lago quieto en donde refrescar su tarea ineludible

Altazor morirás Se secará tú voz y serás invisible
La Tierra seguirá girando sobre su órbita precisa
Temerosa de un traspiés como el equilibrista sobre el alambre
que ata las miradas del pavor
En vano buscas ojo enloquecido
No hay puerta de salida y el viento desplaza los planetas
Piensas que no importa caer eternamente si se logra escapar
¿No ves que vas cayendo ya?
Limpia tu cabeza de prejuicio y moral
Y si queriendo alzarte nada has alcanzado
Déjate caer sin parar tu caída sin miedo al fondo de la sombra
Sin miedo al enigma de ti mismo
Acaso encuentres una luz sin noche
Perdida en las grietas de los precipicios

Cae
Cae eternamente
Cae al fondo del infinito
Cae al fondo del tiempo
Cae al fondo de ti mismo
Cae lo más bajo que se pueda caer
Cae sin vértigo
A través de todos los espacios y todas las edades
A través de todas las almas de todos los anhelos y todos los naufragios
Cae y quema al pasar los astros y los mares
Quema los ojos que te miran y los corazones que te aguardan
Quema el viento con tu voz
El viento que se enreda en tu voz
Y la noche que tiene frío en su gruta de huesos

Cae en infancia
Cae en vejez
Cae en lágrimas
Cae en risas
Cae en música sobre el universo
Cae de tu cabeza a tus pies
Cae de tus pies a tu cabeza
Cae del mar a la fuente
Cae al último abismo de silencio
Como el barco que se hunde apagando sus luces

Todo se acabó
El mar antropófago golpea la puerta de las rocas despiadadas
Los perros ladran a las horas que se mueren
Y el cielo escucha el paso de las estrellas que se alejan.
Estás solo
Y vas a la muerte derecho como un iceberg que se desprende del polo
Cae la noche buscando su corazón en el océano
La mirada se agranda como los torrentes
Y en tanto que las olas se dan vuelta
La luna niño de luz se escapa de alta mar
Mira este cielo lleno
Más rico que los arroyos de las minas
Cielo lleno de estrellas que esperan el bautismo
Todas esas estrellas salpicaduras de un astro de piedra lanzado en las aguas eternas
No saben lo que quieren ni si hay redes ocultas más alla
Ni qué mano lleva las riendas
Ni qué pecho sopla el viento sobre ellas
Ni saben si no hay mano y no hay pecho.
Las montañas de pesca
Tienen la altura de mis deseos
Y yo arrojo fuera de la noche mis últimas angustias
Que los pájaros cantando dispersan por el mundo.

Reparad el motor del alba
En tanto
Me siento al borde de mis ojos

Vicente Huidobro

Fragm. La Anunciación – María Negroni

Publicado: 30 octubre, 2010 en Books
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Escribir, Humboldt, se parece tanto a la plenitud. Vas para un lado, y nada. Vas para el otro, y nada también. Tanto esfuerzo para quedarte, al final, con las miguitas de nada.

Ahora mismo, sin ir más lejos, todo lo que registra esta página, vos por ejemplo, me abandona y entonces es como si cada linea, cada palabra, fuera una gran despedida, una horrenda ceremonia que dice, a lo sumo, aquí hubo alguien, y yo no sé quién es es ese alguien, ni cuándo desapareció, ni de dónde.

¿Cómo explicarte? Cuando uno escribe, decora el dolor, le pone plantitas, fotos, manteles y se queda a vivir allí muy tranquilo, confiando en que nada puede ser peor porque, en realidad, si dolió tanto ¿Cómo podría doler más?.

Es como no tener miedo porque se está asustado.

Uno cree en lo que escribió y un día, con total frescura, dice: He aquí mi vida. Yo contruí este castillo y me encerré, y ahora no soy más que mis pasos por las escaleras y los parapetos y las criptas y las rajaduras de este sitio estrellado, tan lleno de esas presencias tangibles que yo misma inventé para asustarme (vos fuiste uno de mis fantasmas).

Todo es enteramente real, Humboldt, ¿Y de qué sirve? Cuando te querés acordar, tenés que decir Adiós cosas, ya no usaré paraguas, no conmoveré más a nadie con la pequeña música nocturna que fue la noche en mí como estación obrera.

Extraño tu calorcito en la cama. No, no te voy a reemplazar con una bolsa de agua caliente.

¿A qué no sabés que hice hoy?

Me compré un vestido azul, muy entallado y sin breteles, en la Via del Pánico.

La vendedora dijo “Los árboles florecen después del invierno, también usted florecerá, le sienta verdaderamente bien, no se olvide de florecer”.

Fue entonces cuando pensé ¿Y si lo odiara?

Es importante tener a quien odiar, vos mismo me lo enseñaste. Tengo que hacer un esfuerzo. No sé cómo empezar. Cualquier cosa, me digo, mejor que lo de ahora. Pero ¿Qué es lo de ahora? Lo de ahora es estar ligados para siempre, pretendiendo ignorar lo que sabemos. Por ejemplo: que en eso que llamabas nuestro adentro, había otro adentro, en el que yo no entraba. Años alzando tus paredes y todo se volvió putrefacto. Hasta que el pecho se te empezó a abombar como si fuera una coraza para esconder otras vidas. Nunca me gustó la forma de tu pecho, Humboldt. Quién me ba a decir que con vos -nada menos- iba a precisar un detector de mentiras.

Sé lo que vas a decir: Te sale el veneno por la boca, estás loca, nunca ocurrió lo que ocurrió, te amo tanto. Ah, Humboldt, el miedo, como a mí, te hace decir barbaridades.

El otro día me desperté de un sueño con la palabra bat. No sé por qué pensé en los goles del Mundial. La gente con los bombos, las banderas, los camiones avanzando por la avenida Pavón.
¿Se puede jugar al futbol en un país ensangrentado? ¿Se puede gritas Goooool como quien dice Aplausos para los asesinos?

El pueblo nunca se equivoca, decíamos. La historia de los parquets y el asado. El viejo andando en moto con las chicas de la UES. Puras goriladas. ¡Viva Perón, carajo!

Pero eso yo lo viví con mis propios ojos.

Nadie recordó Garage Olimpo, muchísimo menos tu cuerpo.

Es terrible vivir haciéndose la muerta.

Ahora mismo, en Roma, a la deriva. Subo por el Tíber sucio y amarillo y me dirijo a ningún lado. He conseguido una simulación perfecta del naufragio. Dejo atrás los puentes, las motos, los pensamientos que alguien, acaso pensó por mí. Y eso, y Roma, y la gran notte italiana es todo lo que tendré para nunca en la repartición de bienes simbólicos.
He perdido mi nombre. He perdido mis nombres. De la desesperación, de la masacre, me quedó el círculo de ciertas letras, una maravilla inconsolable.
Ninguna sabiduría. Ninguna salvación. Apenas un desierto sin historia donde nada representa nada. Algo así.

Las preguntas me dan respiro ¿No peleábamos por una causa justa? ¿No queríamos un mundo menos carcelario? ¿Por qué yo me salvé y vos no? ¿Es verdad que me salvé o soy apenas un cadáver que habla solo por las calles, vomitando cosas que a nadie le importan? ¿No conocí el placer y por eso tomé las armas como si dedicara un libro obsceno a una criatura sola y desamparada, yo misma? ¿No tener futuro es una gracia? ¿Estaré viva el 11 de marzo del 2033?.

Debo insistir en el odio. Un odio que no se tiña de deseo. Tengo que verte, pedacito por pedacito, a la luz de todos tus rostros. A lo mejor así me curo de tu deserción masiva de mi cuerpo.
Hoy es domingo. Llueve. En minutos atenderé el teléfono.

¡Qué delicia escribir trivialidades!

María Negroni.

Devengo – Gastón Malgieri

Publicado: 29 octubre, 2010 en Books
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Devengo marica cursi,
emplumada,
llena de lágrimas de tinta
que no podré chorrear en la carilina.

Devengo en inseguridad encorsetada,
atragantada a la tráquea.

Devengo lugar común,
canción lacrimógena escrita
por el peor de los crooner’s

Devengo castración freuidana
falo parteno capitalista
simposio de lugares comunes
en la tesis con otros hacen
acerca de mi cuerpo.

Devengo rabiosamente triste,
devengo vecina en chancletas,
cantándole a la imagen del televisor.

Devengo puto viejo que pasea
el caniche toy en la única plaza del pueblo.

Devengo nenito al que le dijeron
los primos mas grandes,
que Papá Noel es una farsa.
y llora mientras arranca
el papél glasé de los regalos.

Devengo empleada pública
que cree
que los gritos de los contribuyentes son para ella,
y no para el estado para el que trabaja.

Devengo señora que no puede
ponerse el vestido que quiere.
O puede,
pero no le queda
como en la pulcritud publicitaria
que acaba de ver mientras sacudía
la tarjeta de crédito que le extendió su ex marido.

Devengo loca menemista que compra,
los perfumes del uno a uno y tiene miles,
para no saber jamás cuál era su olor.

Devengo policia que mira
a un pibe chorro con cariño
y entra en contradicción
con los mandatos de su fuerza,
y los griteríos de la clase media
que le pide
que lo amasije a palos,
y no a besos.

Devengo poeta maldito marplatense
que transa
con empleados municipales de dudosa calaña
para que sus versos salgan
en el único periódico del balneario
y le lleguen
los cheques de la secretaría de cultura
por su escrito trash
en torno a la figura de Alfonsina.

Devengo empleado de call center
que putea por lo bajo
a sus superiores
sólo para poder pagarse el alquiler.

Devengo todxs ellxs
soy el devenir de los descartes
soy ese que amalgama lo que otro dicen no ser.

Soy pura epidermis,
pura sangre que ebulle
debajo del vestido con flores
que afané en cáritas
expiando el robo
en el confesionario de la capilla adjunta.

Devengo los intereses de este arqueo
que hago,
con la miseria que puebla el plexo
y siguen sin darme las cuentas.

Devengo cantante de ópera frustrado
que en la ducha maldice
su título de Contador Público Nacional.

Land of Talk – It’s Okay

Publicado: 28 octubre, 2010 en Music
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Nominado para el video del año 2010 Juno Awards

Land Of Talk – It’s Okay
Del album: Some Are Lakes
Dirección: WeWereMonkeys

Canción pirata

Fumo mucho. Demasiado.
Fumo para frotar el tiempo y a veces oigo la radio,
y oigo pasar la vida como quien pone la radio.
Fumo mucho. En el cenicero hay
ideas y poemas y voces
de amigos que no tengo. Y tengo
la boca llena de sangre,
y sangre que sale de las grietas de mi cráneo
y toda mi alma sabe a sangre,
sangre fresca no sé si de cerdo o de hombre que soy,
en toda mi alma acuchillada por mujeres y niños
que se mueven ingenuos, torpes, en
esta vida que ya sé.
Me palpo el pecho de pronto, nervioso,
y no siento un corazón. No hay,
no existe en nadie esa cosa que llaman corazón
sino quizá en el alcohol, en esa
sangre que yo bebo y que es la sangre de Cristo,
la única sangre en este mundo que no existe
que es como el mal programado, o
como fábrica de vida o un sastre
que ha olvidado quién es y sigue viviendo, o
quizá el reloj y las horas pasan.
Me palpo, nervioso, los ojos y los pies y el dedo gordo
de la mano lo meto en el ojo, y estoy sucio
y mi vida oliendo.
Y sueño que he vivido y que me llamo de algún modo
y que este cuento es cierto, este
absurdo que delatan mis ojos,
este delirio en Veracruz, y que este
país es cierto este lugar parecido al Infierno,
que llaman España, he oído
a los muertos que el Infierno
es mejor que esto y se parece más.
Me digo que soy Pessoa, como Pessoa era Álvaro de Campos,
me digo que estar borracho es no estarlo
toda la vida, es
estar borracho de vida y no de muerte,
es una sangre distinta de esa otra
espesa que se cuela por los tejados y por las paredes
y los agujeros de la vida.
Y es que no hay otra comunión
ni otro espasmo que este del vino
y ningún otro sexo ni mujer
que el vaso de alcohol besándome los labios
que este vaso de alcohol que llevo en el
cerebro, en los pies, en la sangre.
que este vaso de vino oscuro o blanco,
de ginebra o de ron o lo que sea
– ginebra y cerveza, por ejemplo –
que es como la infancia, y no es
huida, ni evasión, ni sueño
sino la única vida real y todo lo posible
y agarro de nuevo la copa como el cuello de la vida y cuento
a algún ser que es probable que esté
ahí la vida de los dioses
y unos días soy Caín, y otros
un jugador de poker que bebe whisky perfectamente y otros
un cazador de dotes que por otra parte he sido
pero lo mío es como en “Dulce pájaro de juventud”
un cazador de dotes hermoso y alcohólico, y otros días,
un asesino tímido y psicótico, y otros
alguien que ha muerto quién sabe hace cuánto,
en qué ciudad, entre marineros ebrios. Algunos me
recuerdan, dicen
con la copa en la mano, hablando mucho,
hablando para poder existir de que
no hay nada mejor que decirse
a sí mismo una proposición de Wittgenstein mientras sube
la marea del vino en la sangre y el alma.
O bien alguien perdido en las galerías del espejo
buscando a su Novia. Y otras veces
soy Abel que tiene un plan perfecto
para rescatar la vida y restaurar a los hombres
y también a veces lloro por no ser un esclavo
negro en el sur, llorando
entre las plantaciones!
Es tan bella la ruina, tan profunda
sé todos sus colores y es
como una sinfonía la música del acabamiento,
como música que tocan en el más allá,
y ya no tengo sangre en las venas, sino alcohol,
tengo sangre en los ojos de borracho
y el alma invadida de sangre como de una vomitona,
y vomito el alma por las mañanas,
después de pasar toda la noche jurando
frente a una muñeca de goma que existe Dios.
Escribir en España no es llorar, es beber,
es beber la rabia del que no se resigna
a morir en las esquinas, es beber y mal
decir, blasfemar contra España
contra este país sin dioses pero con
estatuas de dioses, es
beber en la iglesia con música de órgano
es caerse borracho en los recitales y manchas de vino
tinto y sangre “Le livre des masques” de Rémy de Gourmont
caerse húmedo babeante y tonto y
derrumbarse como un árbol ante los farolillos
de esta verbena cultural. Escribir en España es tener
hasta el borde en la sangre este alcohol de locura que ya
no justifica nada ni nadie, ninguna sombra
de las que allí había al principio.
Y decir al morir, cuando tenga
ya en la boca y cabeza la baba del suicidio
gritarle a las sombras, a las tantas que hay y fantasmas
en este paraíso para espectros
y también a los ciervos que he visto en el bosque,
y a los pájaros y a los lobos en la calle y
acechando en las esquinas

 

¿Dónde está Dios, aunque no exista? Quiero rezar y llorar, arrepentirme de crímenes que no he cometido, disfrutar de ser perdonado por una caricia no propiamente maternal. Un regazo para llorar, pero un regazo enorme, sin forma, espacioso como una noche de verano, y sin embargo cercano, caliente, femenino, al lado de cualquier fuego… Poder llorar allí cosas impensables, faltas que no sé cuáles son, ternuras de cosas inexistentes, y grandes dudas crispadas de no sé qué futuro…Una infancia nueva, un ama vieja otra vez, y una cama pequeña donde acabe por dormirme, entre cuentos que arrullan, mal oídos, con una atención que se pone tibia, de rayos que penetraban en jóvenes cabellos rubios como el trigo… Y todo esto muy grande, muy eterno, definitivo para siempre, de la estatura única de Dios, allá en el fondo triste y somnoliento de la realidad última de las cosas…Un regazo o una cuna o un brazo caliente alrededor de mi cuello…Una voz que canta bajo y parece querer hacerme llorar…El ruido de la lumbre en el hogar… Un calor en el invierno… Un extravío suave de mi conciencia… Y después, sin ruido, un sueño tranquilo en un espacio enorme, como la luna rodando entre estrellas…Cuando coloco en un rincón, con un cuidado lleno de cariño –con ganas de darles besos- mis juguetes, las palabras, las imágenes, las frases –¡me quedo tan pequeño y tan inofensivo, tan solo en un cuarto tan grande y tan triste, tan profundamente triste…! Después de todo, ¿quién soy yo cuando no juego? Un pobre huérfano abandonado en las calles de las sensaciones, tiritando de frío en las esquinas de la Realidad, teniendo que dormir en los escalones de la Tristeza y que comer el pan regalado de la Fantasía. De un padre sé el nombre; me han dicho que se llama Dios, pero el nombre no me da idea de nada. A veces, de noche, cuando me siento solo, le llamo y lloro, y me hago una idea de él a la que poder amar… Pero después pienso que no le conozco, que quizás no sea así, que quizás no sea nunca ese padre de mi alma…¿Cuándo se terminará todo esto, estas calles por las que arrastro mi miseria, y estos escalones donde encojo mi frío y siento las manos de la noche entre mis harapos? Si un día viniese Dios a buscarme y me llevase a su casa y me diese calor y afecto… Pero el viento se arrastra por la calle y las hojas caes en la acera… Alzo los ojos y veo las estrellas que no tienen ningún sentido… Y de todo esto apenas quedo yo, un pobre niño abandonado…Tengo mucho frío. Estoy tan cansado en mi abandono. Vé a buscar, oh Viento, a mi Madre. Llévame por la Noche a la casa que no he conocido…Vuelve a darme, oh Silencio, mi alma y mi cuna y la canción con que dormía…