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Si, después que yo muera, se quisiera escribir mi biografía,
Nada sería más simple.
Exactamente poseo dos fechas -la de mi nacimiento y
la de muerte.
Entre una y otra todos los días me
pertenecen.
Soy fácil de describir.
He vivido como un loco.
He amado a las cosas sin ningún sentimentalismo.
Nunca tuve un deseo que no pudiera colmar, pues nunca anduve ciego.
Incluso escuchar para mí fué nada más que un complemento del ver.
Comprendí que las cosas son reales y totalmente diferentes una de otra:
Lo comprendí con los ojos, jamás con el pensamiento.
Comprenderlo con el pensamiento hubiera sido encontrarlas
todas iguales.

Un día me sentí dormido como un niño.
Cerré los ojos y dormí.
Y, a propósito, yo era el único poeta de la Naturaleza.

Fragm Libro del Desasosiego – Fernando Pessoa.

Publicado: 6 noviembre, 2010 en Books
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“Me irrita la felicidad de todos estos hombres que no saben que son infelices.
Sus vidas humanas estan llenas de todo lo que no seria sino angustia para una
sensibilidad verdadera. Pero, como la vida real que llevan es vegetativa, lo que
sufren para por ellos sin tocarles el alma, y viven una vida que se puede comparar
solamentre a la de un hombre con dolor de dientes que hubiese recibido una fortuna
– la fortuna autentica de vivir sin darse cuenta, el don más alto que los
dioses conceden, porque es el don de permitir a un hombre ser semejante
a ellos, superior como ellos (aunque de otro modo) tanto a la alegria
como al dolor.
Por eso, pese a todo, a todos los amo ¡Mis Queridos Vegetales!”

“Todo me cansa, hasta lo que no me cansa. Mi alegría es tan dolorosa como el dolor.[…]
Entre yo y la vida hay un vidrio tenue. Por más nítidamente que yo vea y comprenda la vida,
yo no la puedo tocar.
¿Razonar mi tristeza?
¿Para qué si el raciocinio es un esfuerzo, y quien está triste no puede esforzarse?
Ni siquiera abdico de aquellos gestos banales de la vida de los que yo tanto querría abdicar.
Abdicar es un esfuerzo, y yo no poseo el alma con que esforzarme.
¡Cuántas veces me aflige no ser el accionador de aquel coche, el conductor de aquel tren!
¡cualquier Otro banal supuesto cuya vida, por no ser mía, deliciosamente me penetra para
que yo la quiera y se me finge ajena!
Yo no tendría el horror a la vida como a una Cosa. La noción de la vida como un todo no me
aplastaría los hombros del pensamiento. Mis sueños son un refugio estúpido, como un paraguas
contra un rayo. Soy tan inerte, tan pobrecito, tan falto de gestos y de actos.
Por más que por mí me interne, todos los atajos de mi sueño van a dar a claridades de angustia.
Incluso yo, el que sueña tanto, tengo intervalos en los que el sueño me huye.
Entonces las cosas me parecen nítidas.
Se desvanece la neblina en la que me cerco.
Y todas las aristas visibles hieren la carne de mi alma.
Todas las durezas miradas me duele saberlas durezas.
Todos los pesos visibles de objetos me pesan por dentro del alma.
Mi vida es como si me golpeasen con ella.”

¿Dónde está Dios, aunque no exista? Quiero rezar y llorar, arrepentirme de crímenes que no he cometido, disfrutar de ser perdonado por una caricia no propiamente maternal. Un regazo para llorar, pero un regazo enorme, sin forma, espacioso como una noche de verano, y sin embargo cercano, caliente, femenino, al lado de cualquier fuego… Poder llorar allí cosas impensables, faltas que no sé cuáles son, ternuras de cosas inexistentes, y grandes dudas crispadas de no sé qué futuro…Una infancia nueva, un ama vieja otra vez, y una cama pequeña donde acabe por dormirme, entre cuentos que arrullan, mal oídos, con una atención que se pone tibia, de rayos que penetraban en jóvenes cabellos rubios como el trigo… Y todo esto muy grande, muy eterno, definitivo para siempre, de la estatura única de Dios, allá en el fondo triste y somnoliento de la realidad última de las cosas…Un regazo o una cuna o un brazo caliente alrededor de mi cuello…Una voz que canta bajo y parece querer hacerme llorar…El ruido de la lumbre en el hogar… Un calor en el invierno… Un extravío suave de mi conciencia… Y después, sin ruido, un sueño tranquilo en un espacio enorme, como la luna rodando entre estrellas…Cuando coloco en un rincón, con un cuidado lleno de cariño –con ganas de darles besos- mis juguetes, las palabras, las imágenes, las frases –¡me quedo tan pequeño y tan inofensivo, tan solo en un cuarto tan grande y tan triste, tan profundamente triste…! Después de todo, ¿quién soy yo cuando no juego? Un pobre huérfano abandonado en las calles de las sensaciones, tiritando de frío en las esquinas de la Realidad, teniendo que dormir en los escalones de la Tristeza y que comer el pan regalado de la Fantasía. De un padre sé el nombre; me han dicho que se llama Dios, pero el nombre no me da idea de nada. A veces, de noche, cuando me siento solo, le llamo y lloro, y me hago una idea de él a la que poder amar… Pero después pienso que no le conozco, que quizás no sea así, que quizás no sea nunca ese padre de mi alma…¿Cuándo se terminará todo esto, estas calles por las que arrastro mi miseria, y estos escalones donde encojo mi frío y siento las manos de la noche entre mis harapos? Si un día viniese Dios a buscarme y me llevase a su casa y me diese calor y afecto… Pero el viento se arrastra por la calle y las hojas caes en la acera… Alzo los ojos y veo las estrellas que no tienen ningún sentido… Y de todo esto apenas quedo yo, un pobre niño abandonado…Tengo mucho frío. Estoy tan cansado en mi abandono. Vé a buscar, oh Viento, a mi Madre. Llévame por la Noche a la casa que no he conocido…Vuelve a darme, oh Silencio, mi alma y mi cuna y la canción con que dormía…