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Mar del Plata en invierno
es la locación perfecta
de tu película indie lacrimógena.
de tu opera prima éxito en Sundance
de ese devenir en melancolía
que dejó la tormenta
del intento tonto del plano detalle
en el iris insurrecto del llanto que se contiene.

Primera escena:

Hay un colchón de una plaza
cerrando la puerta por donde se fue la certeza.
escupe su último resorte adobado de semen,
arena gruesa,
cenizas de Phillips Morris,
lamparones de fernet.

El labio inferior mordido es
la dentadura enquistada en lo que no se va a decir nunca.

Plano detalle:
El colchón deja una nota
que el protagonista lee respirando
el sándalo escandaloso que se esparce.

Voz en off:

Me niego a seguir reteniendo su olor entre el alambre de mi estructura. Es demasiado. Todo es demasiado. Por eso es mejor que me vaya así. No me busques. Dejame librado al azar de los recolectores de residuos quienes nunca te preguntarán nada, no es ése su trabajo. Ellos solo levantan lo que dejó la huída.
Esa noche fui feliz. ¿Sabés cual? Sonaba Rufus, y el fumaba desnudo mientras vos escribías estas líneas en el rojo cuaderno de tapas de corcho.

El cenicero ahora
es todo el resto de lo que resta
la suma patética que no les ha dando igual
y no saben dónde está el error,
o no hay con quién chequear el resultado.

Un grupo de jubilados abriles patean la rambla,
ven agachado al protagonista
en la punta de la peor escollera
y recuerdan la historia de Alfonsina
que les contó la guía que labura para el PAMI.

Pero ésta no es una historia suicida.
Es la historia del impedimento de un abrazo.

Y entonces el arenal se convierte en quiste.
y es que ambos quieren encastrarse el pecho en el combate
y aparece
el mapa carretero de la imposibilidad como un hematoma
que el jabón en polvo del deseo no quita.

Y es que creen que esto del trenzarse es primitivo
casi una necesidad más que epidérmica
tan de respiración que necesita el oxígeno del otro para acompasar el ajetreo
que duele en las costillas rotas por la caída.

Y aparece entonces el juramento,
sobreimpreso en fotografía sepia
(obvia)
amarronada en el powerpoint con frases de Coelho:

“… si es que no nos volviéramos a ver,
ahora que descubrí el deletreo de las puntas
de tus dedos en el almíbar de mi axila
en otro lado del recóndito mundo
llorarán los dioses de los otros
por algo que el peñasco escribe en arameo
y que a pesar de parecernos cursi,
es necesario”.

La tristeza es ese happy ending repitiéndose en loop
El repeat del repeat del repeat.
El the end del the end del the end.

Devengo – Gastón Malgieri

Publicado: 29 octubre, 2010 en Books
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Devengo marica cursi,
emplumada,
llena de lágrimas de tinta
que no podré chorrear en la carilina.

Devengo en inseguridad encorsetada,
atragantada a la tráquea.

Devengo lugar común,
canción lacrimógena escrita
por el peor de los crooner’s

Devengo castración freuidana
falo parteno capitalista
simposio de lugares comunes
en la tesis con otros hacen
acerca de mi cuerpo.

Devengo rabiosamente triste,
devengo vecina en chancletas,
cantándole a la imagen del televisor.

Devengo puto viejo que pasea
el caniche toy en la única plaza del pueblo.

Devengo nenito al que le dijeron
los primos mas grandes,
que Papá Noel es una farsa.
y llora mientras arranca
el papél glasé de los regalos.

Devengo empleada pública
que cree
que los gritos de los contribuyentes son para ella,
y no para el estado para el que trabaja.

Devengo señora que no puede
ponerse el vestido que quiere.
O puede,
pero no le queda
como en la pulcritud publicitaria
que acaba de ver mientras sacudía
la tarjeta de crédito que le extendió su ex marido.

Devengo loca menemista que compra,
los perfumes del uno a uno y tiene miles,
para no saber jamás cuál era su olor.

Devengo policia que mira
a un pibe chorro con cariño
y entra en contradicción
con los mandatos de su fuerza,
y los griteríos de la clase media
que le pide
que lo amasije a palos,
y no a besos.

Devengo poeta maldito marplatense
que transa
con empleados municipales de dudosa calaña
para que sus versos salgan
en el único periódico del balneario
y le lleguen
los cheques de la secretaría de cultura
por su escrito trash
en torno a la figura de Alfonsina.

Devengo empleado de call center
que putea por lo bajo
a sus superiores
sólo para poder pagarse el alquiler.

Devengo todxs ellxs
soy el devenir de los descartes
soy ese que amalgama lo que otro dicen no ser.

Soy pura epidermis,
pura sangre que ebulle
debajo del vestido con flores
que afané en cáritas
expiando el robo
en el confesionario de la capilla adjunta.

Devengo los intereses de este arqueo
que hago,
con la miseria que puebla el plexo
y siguen sin darme las cuentas.

Devengo cantante de ópera frustrado
que en la ducha maldice
su título de Contador Público Nacional.